Infusión de color


Las colinas de Malibú. Suena peliculero, y lo es. En esta casa vivió Charles Bronson, y ahora lo hace una familia adicta al color. En el reportaje original, publicado por la revista House Beautiful, los interioristas explican que partieron de una casa en la que todo, todo absolutamente era blanco (incluso un gran piano de cola) y que fueron añadiendo sutiles toques de color. Sutiles, pero que la propietaria se encargó de que fueran potentes. Al final, consiguieron una casa que refleja lo que ellos son como familia, optimistas y vitales.



En la cocina, el brillante verde hierba de la isla pone el toque de color.


El móvil inspirado en los de Calder es la calma en este gigantesco salón. Solo un poco de corriente consigue que se mueva, creando un efecto escultural (ya me han creado una necesidad, que se une a la de un árbol dentro de casa, como ese Fig Tree que debe ser un tipo de higuera y que hace tiempo que quiero conseguir).





La pared del dormitorio necesitaba algún cuadro gigantesco, algún foco de atención. Al final, pintaron un graffiti con spray y, de momento, parece que va a quedarse.


La alfombra de Missoni está entre mis flechazos preferidos de esta casa, y también lo están los limoneros a ambos lados de la puerta de entrada, o el fabuloso salón de exterior con faroles colgando de las ramas (oooh)






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