La realidad de una casa supera la ficción del estilista


Este post es un bálsamo para todos los que nos afanamos por vivir una vida de "bonitismos", que nos atormentamos por si, en cualquier momento, nuestra casa tuviera que pasar un examen, por si los rincones que en ocasiones están perfectamente decorados, en otros momentos no pasarían ni un control rutinario. 
El mundo de los blogs (sobre todo si eres devoto/a de seguir andanzas de bloggers, o si te quedas entusiamado/a mirando su forma de habitar) es a veces desencadenante de este sentimiento amargo de simpleza profunda, o de falta de carisma. Una falta de carisma en realidad falsa pero que renace cuando, sin querer, te comparas con las imágenes perfectas de algunas cuentas de Instagram, o de los retazos de vida que se/nos afanan/mos en prodigar.




¿Y por qué digo todo esto? Pues porque también yo he experimentado ese sentimiento en alguna ocasión y ahora estoy intentando vivir una fase de autenticidad, que pasa por no querer hacer todas las cosas perfectas, ni ser la mejor en todas las disciplinas handmade, y ser un poco más benevolente conmigo misma y, en consecuencia, con mi casa, mis niñas y el desorden real y figurado.


Aquí, a partir de este párrafo, empieza lo bueno. La vida real de un salón hecho para ser vivido, y que casi nunca está como en las imágenes superiores. Me gusta constatar que la vida es lo que pasa mientras intentamos detener el tiempo en un flash de perfección recreada. 
Be authentic, my friend!





Imágenes: divaanblogit antes y después de ordenar encontradas gracias a un tweet de Conchi, del blog Cosas que pasan en Helsinki

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