La antidecoración, o el terror instalado en casa

Hoy no voy a hablaros de decoración; si acaso, de lo contrario. Cuando te acostumbras a tener una niña tranquila, de las que tienen más sentido común que tú misma (ayer me dijo "mamá, necesitas tener más paciencia"), no estás preparada para encontrarte en un mismo día tres episodios de terrorismo infantil en forma de graffitis en casa. Y aunque la resignación se instaló en mí tan pronto como los vi, suspiré un poco y nada más, la verdad es que me preocupa ya su torrente creativo.
Aquí os enseño las pruebas del delito, para que alucinéis conmigo con todos estos ataques a los rincones que, con tanto mimo y dedicación, intento componer en casa.
En Instagram ya he recibido algunas condolencias, expresiones de asombro y ánimos, ya me diréis si estáis ojipláticos por aquí también. 
Las víctimas de este fatídico miércoles han sido el sofá de cuero del salón, el sofá de terciopelo del despacho y la chimenea (dos ataques de la pequeña y uno de la mayor). A esta última intentaré ponerle solución con un borrador mágico. En el primero la leche no me ha funcionado, y en el de terciopelo lo único que me planteo es darle la vuelta al cojin.






Pues sí, yo también pensé que no les iba a dejar tocar rotuladores ni bolígrafos hasta que tuvieran quince años, pero cuando veáis la tercera imagen, supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que no les puedo dejar ni un lápiz, ¡si no es bajo estricta vigilancia!



En fin, tenía que compartirlo!

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