Quedamos en la lavandería


No es un lugar muy habitual para quedar, este de la lavandería. Las lavanderías, o al menos los domésticos cuartos de plancha, gozan de la intimidad de quien se encarga de la colada. Sucede así en mi cuarto de plancha, que es muy reducido en sus dimensiones, y que me he decidido a mostraros hoy tras la falta de inspiración a través de la pantalla.
Ya os he enseñado en alguna ocasión esta pequeña estancia, lo hice para explicaros que había colocado un tambor de lavadora como lámpara. Nada me pareció más adecuado!
La falta de espacio intento suplirla con organización. Tras la puerta, cuelgo algunas prendas esperando ser retocadas, bolsas y unas cestas con calcetines desparejados (qué cruz).
Tengo pendiente instalar algunos ganchos en la pared contraria a la que tengo el planchador, que está siempre montado justo debajo de unos muebles suspendidos que esconden los útiles de costura, jabones y detergentes.


A lo largo la pared, instalamos un cable de acero de los que se usan como riel de cortinas. Me sirve para dejar secar camisas y vestidos. Lo bueno de una habitación tan pequeña creo que es el olor a jabón, y el vapor de la plancha en invierno. En la encimera que colocamos sobre la lavadora y la secadora he puesto algunas veces la hamaquita de las niñas, cuando eran bebés, y ese vapor las ayudaba a respirar mejor si estaban resfriadas.






Mucha más inspiración en materia de lavanderías en todos los blogs que participamos este mes en la quedada:

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